Última actualización febrero 18th, 2026 9:59 AM
Feb 18, 2026 Admin Automotriz, Más Industria 0
En el panel “Autonomous Driving & ADAS”, especialistas coincidieron en que la movilidad del futuro exige una transformación industrial profunda, mayor contenido regional y nuevos marcos regulatorios para que México capitalice la oportunidad del T-MEC.
Participantes del panel “Autonomous Driving & ADAS” durante el análisis sobre los retos tecnológicos, regulatorios y de proveeduría que enfrenta México ante la movilidad autónoma. (Fotografía: Vanguardia Industrial)
Alberto De Icaza Bravo, de ZF México, destacó la importancia de los centros de ingeniería y del hub de compras en Monterrey para fortalecer el contenido regional. (Fotografía: Vanguardia Industrial)
Daniel Sánchez Peñaflor y David Pineda Déom coincidieron en que la conducción autónoma exige manufactura avanzada y desarrollo de software especializado para consolidar la competitividad del país. (Fotografía: Vanguardia Industrial)Silvia Ortiz
QUERÉTARO, Qro. (17/02/2026).- La transición hacia la conducción autónoma y los sistemas avanzados de asistencia al conductor (ADAS) no solo redefine la arquitectura del vehículo, sino también la estructura de la cadena de suministro, la formación de talento y la estrategia industrial del país.
Así lo expusieron los participantes del panel “Autonomous Driving & ADAS”: Daniel Sánchez Peñaflor, CEO de Sánchez Peñaflor + Asociados; Alberto De Icaza Bravo, Head of External Affairs en ZF México; y David Pineda Déom, Global R&D Executive en AUMOVIO México.
Más que software: una revolución industrial
Daniel Sánchez Peñaflor subrayó que el cambio no debe entenderse únicamente como un avance digital.
Es muy importante entender que la conducción autónoma no es solo una transformación de software. Además de los algoritmos y el software, es fundamentalmente una transformación industrial y de la cadena de suministro.
Explicó que cada función autónoma exige hardware especializado y manufactura avanzada.
“Detrás de cada función autónoma hay carcasas electrónicas, estructuras para sensores, soportes especiales y materiales ligeros. Esto está creando nuevas categorías de suministro y exige capacidades que muchos proveedores aún deben desarrollar”.
En el contexto de la regionalización productiva, añadió:
“El mundo ha pasado de la globalización a la regionalización. Si México desarrolla estas capacidades, puede integrarse estratégicamente a las cadenas de valor de mayor tecnología”.
Ingeniería y hub de compras: estrategia para fortalecer contenido regional
Alberto De Icaza detalló que la estrategia de su compañía en México no solo contempla manufactura, sino también el fortalecimiento de capacidades de ingeniería y compras locales.
Explicó que cuentan con centros tecnológicos en Monterrey y con un hub administrativo de compras que coordina la proveeduría regional, además de oficinas estratégicas en Chihuahua y Guadalajara para atender distintas líneas de producto.
“Nuestro centro principal está en Monterrey, donde también tenemos un gran equipo de compras. Desde ahí coordinamos la estrategia para incrementar la proveeduría regional”.
Asimismo, señaló que en estados como Querétaro operan plantas clave —particularmente en sistemas de frenos y dirección— que requieren una base sólida de proveedores locales especializados.
“Cuando hablamos de un 80% de contenido regional, nos fijamos el objetivo de obtener la mayor cantidad posible desde México”.
En ese sentido, identificó áreas críticas de oportunidad:
“La producción de herramentales es uno de los grandes huecos que hay en México. También la forja y ciertos componentes electrónicos; ahí es donde debemos fortalecer la proveeduría”.
El directivo explicó que existen dos caminos para acelerar este proceso: atraer proveedores extranjeros para que se establezcan en el país o desarrollar desde cero a empresas nacionales.
“Solo hay dos maneras: traer proveedores de otras partes del mundo para que se establezcan aquí o desarrollar proveedores locales desde cero. Ambas estrategias son necesarias”.
También subrayó la urgencia de actualizar el marco normativo para permitir mayor avance en conducción autónoma.
“Hoy las regulaciones exigen conductor al volante incluso en pruebas. Necesitamos cambios que permitan vehículos sin conductor para que la gente empiece a ver que es una tecnología segura”.
El vehículo definido por software
David Pineda Déom explicó que la industria evoluciona hacia el concepto de “software defined vehicle”, con arquitecturas centralizadas de alto poder de cómputo.
“El vehículo está evolucionando hacia una arquitectura con una o dos computadoras centrales de alta capacidad, en lugar de decenas de pequeños módulos distribuidos”.
Comparó esta transición con la lógica de los teléfonos inteligentes.
“El hardware ya no está diseñado para un solo software embebido; ahora el vehículo se parece más a un dispositivo electrónico capaz de ejecutar múltiples aplicaciones”.
El reto tecnológico es de gran magnitud.
“Un vehículo autónomo puede requerir alrededor de 150 millones de líneas de código. La cantidad de programación es brutal”.
Por ello, insistió en que el país debe invertir no solo en manufactura, sino en desarrollo de software y talento especializado.
La manufactura es extremadamente importante, pero no será el único diferenciador. Tenemos que apostar también por el software y el contenido que generará valor en el futuro.
Infraestructura y confianza social
Durante la sesión de preguntas, se abordaron desafíos adicionales como la infraestructura carretera y la percepción cultural sobre la seguridad de los vehículos autónomos.
De Icaza reconoció que existen retos en señalización y comportamiento vial:
“La infraestructura necesita mejorarse y también los comportamientos sociales. Ese caos requiere educación y adaptación”.
Desde la perspectiva técnica, Pineda explicó que ya se trabaja en algoritmos de conducción humanizada.
“Los sistemas están diseñados para simular la lógica de un conductor humano, evitando movimientos bruscos, para que el usuario no perciba artificialidad y aumente la confianza”.
El consenso entre los panelistas fue claro: la conducción autónoma y los sistemas ADAS representan una transformación estructural que ya está en marcha. México cuenta con una base manufacturera sólida y una posición estratégica en Norteamérica, pero su liderazgo dependerá de su capacidad para fortalecer ingeniería, proveeduría local, regulación y desarrollo de talento en software avanzado.
En el panel “Autonomous Driving & ADAS”, especialistas coincidieron en que la movilidad del futuro exige una transformación industrial profunda, mayor contenido regional y nuevos marcos regulatorios para que México capitalice la oportunidad del T-MEC.
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