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Dos décadas después del movimiento “¡El campo no aguanta más!” durante el sexenio de Vicente Fox, campesinos vuelven a las calles acompañados de transportistas: reclaman apoyos, precios justos y, por primera vez con fuerza, seguridad ante la violencia que amenaza la logística y pone en riesgo la operación del país.
CIUDAD DE MÉXICO (24/11/2025).- De “¡El campo no aguanta más!” a la marcha de hoy: 20 años después, México protesta por las mismas deudas… y nuevas heridas.
Por primera vez en dos décadas, el país vuelve a ver a campesinos y transportistas tomar carreteras,, avenidas y plazas públicas para reclamar algo que suena demasiado familiar: abandono, falta de apoyos, incertidumbre y políticas que no alcanzan para sostener al campo. Pero a diferencia del histórico movimiento campesino de 2002–2003 —aquel que retumbó con la frase “¡El campo no aguanta más!” en pleno sexenio de Vicente Fox—, la protesta de hoy llega con nuevas exigencias y una gravedad distinta: la violencia y la crisis logística ya no son un tema colateral, sino la columna vertebral del reclamo.
La comparación entre ambas movilizaciones deja al descubierto que, lejos de mejorar, los mismos patrones se repiten y la situación empeora.
El eco de una deuda histórica
En 2002, miles de campesinos bloquearon carreteras y levantaron un plantón que duró semanas frente a Palacio Nacional. Como periodista, cubrí personalmente ese movimiento para W Radio, que durante meses ocupó las primeras planas de periódicos y revistas, dando voz a las demandas de los campesinos. Los manifestantes denunciaban que el campo estaba perdiendo la batalla frente a importaciones baratas, falta de créditos y políticas que no protegían a los pequeños productores. La liberalización agrícola del TLCAN aceleraba una desigualdad que parecía irreversible.
El movimiento culminó en el Acuerdo Nacional para el Campo, que reposicionó a los productores rurales como actores políticos clave, aunque no todas las organizaciones lo firmaron ni quedaron satisfechas.
Hoy, las demandas del campo persisten: precios de garantía que cubran costos, financiamiento accesible y políticas agropecuarias consistentes. La continuidad de estas exigencias evidencia que México no ha logrado construir un sistema estable para el campo en 20 años.
Un nuevo actor irrumpe: el transportista
La gran diferencia con 2003 es la incorporación masiva de transportistas. Lo que hoy los impulsa no es el precio del maíz, sino la inseguridad en las carreteras: robos, secuestros, extorsiones y rutas inoperables. La violencia se ha convertido en una variable de negocio que amenaza la logística y el abastecimiento industrial.
Del TLCAN a las carreteras tomadas
Si en 2003 la pregunta era cómo competir en un mercado abierto, en 2025 la pregunta es más dramática: ¿cómo producir y transportar sin ser víctima del crimen?
Los campesinos exigen créditos y protección; los transportistas, seguridad y reglas claras. El reclamo actual combina necesidades históricas con una emergencia por violencia y logística que no existía hace 20 años.
Un país atrapado entre dos crisis
La marcha de hoy y la de hace dos décadas nacen de un mismo origen: la desigualdad estructural del campo mexicano. Pero la ruta de cada una muestra cómo México ha cambiado su mapa de tensiones:
El campo sigue sin aguantar más. Pero ahora tampoco aguanta el transporte.
La lección que México sigue ignorando
La historia demuestra que posponer la política agropecuaria siempre termina explotando en las calles. Y hoy, por primera vez, esa explosión alcanza al corazón de la cadena logística. No solo peligra la producción; peligra la distribución de alimentos y bienes esenciales.
Vicente Fox aprendió tarde que ignorar al campo tenía un costo político y económico enorme. Hoy, el gobierno enfrenta un espejo similar, pero con un componente adicional y más peligroso: la violencia.
La pregunta ya no es si “el campo aguanta”.
La pregunta es si el país completo puede seguir funcionando sin atender sus dos motores fundamentales: producir y mover.
Dos décadas después del movimiento “¡El campo no aguanta más!” durante el sexenio de Vicente Fox, campesinos vuelven a las calles acompañados de transportistas: reclaman apoyos, precios justos y, por primera vez con fuerza, seguridad ante la violencia que amenaza la logística y pone en riesgo la operación del país.
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