Última actualización enero 8th, 2026 3:22 PM
La Ley de Economía Circular no resolverá por completo la crisis ambiental del país, pero sí establece las bases para una transformación profunda y de largo plazo. Si México logra coordinar esfuerzos e invertir en infraestructura, el cambio no solo reducirá residuos: permitirá un uso más inteligente de los recursos y un desarrollo con menor impacto ambiental. Porque, al final, la economía circular es más que una ley: es una nueva forma —urgente y necesaria— de entender el futuro.
CIUDAD DE MÉXICO (12/12/2025).— México acaba de dar un paso que, aunque pasó casi desapercibido frente al ruido legislativo, promete transformar la vida cotidiana del país en los próximos años. Con la aprobación de la Ley General de Economía Circular, la discusión dejó de centrarse en “qué votaron” y se movió hacia una interrogante más profunda: ¿cómo cambiará esta ley la manera en que producimos, consumimos y desechamos prácticamente todo lo que usamos?
Por primera vez se traza una ruta clara para romper con el modelo lineal de “comprar–usar–tirar”, el mismo que ha saturado rellenos sanitarios, contaminado ríos y exprimido recursos naturales hasta el límite. Ahora el objetivo es otro: que cada material, cada artículo, cada residuo tenga una segunda oportunidad, un nuevo ciclo de vida.
La legislación crea el Sistema Nacional de Economía Circular, una especie de hueso central que coordinará políticas entre municipios, estados y federación. Esto evitará que cada entidad avance a su ritmo —o a su modo— y permitirá darle coherencia a la transición hacia prácticas más limpias. A esto se suma un Programa Nacional que será responsable de marcar metas, establecer calendarios y definir proyectos obligatorios. México deja atrás la improvisación para entrar, al menos en papel, a una estrategia integral.
De los rellenos sanitarios a los nuevos ciclos de vida
Una de las transformaciones más ambiciosas está en el manejo de residuos. La ley contempla:
• La reconversión de rellenos sanitarios en un máximo de cinco años.
• Políticas que obligan a reducir lo que se desecha y a promover la reutilización.
• Incentivos fiscales para empresas que adopten modelos circulares.
Si este engranaje funciona, menos basura llegará a los tiraderos, se reducirá la emisión de metano —uno de los gases más contaminantes— y habrá menor presión sobre los ecosistemas.
Un mercado con información real, no promesas verdes
Para los consumidores, la ley traerá un cambio importante: el Distintivo Nacional de Economía Circular, un sello que certificará que los productos cumplen criterios verificables. La intención es frenar el “greenwashing” que tanto abunda en los anaqueles y dar información real, no adornada.
Además, SEMARNAT e INEGI desarrollarán una Plataforma Nacional de información para saber qué se recicla, cómo se maneja, dónde termina cada material y qué está regresando a los ciclos productivos.
Responsabilidad compartida
La ley fortalece la responsabilidad extendida del productor. Las empresas deberán involucrarse en el destino final de sus productos y habrá auditorías, reportes y sanciones para quienes incumplan. Para la ciudadanía vendrán campañas de educación, información y participación voluntaria.
¿Qué gana el medio ambiente?
Si la implementación avanza, México podría ver:
• Menos residuos generados y mejor aprovechados.
• Reducción de contaminación en suelos, aire y agua.
• Menor explotación de recursos naturales.
• Mayor vida útil de los materiales.
Los grandes retos
Implementar la ley no será sencillo. México deberá enfrentar:
Un paso gigante… con un camino largo
La Ley de Economía Circular no resolverá por sí sola la crisis ambiental del país, pero sí coloca los cimientos de una transformación profunda. Es una ruta ambiciosa y compleja. Si México logra coordinar esfuerzos y cumplir los plazos, la transición no solo significará menos basura, sino un país que aproveche mejor sus recursos y reduzca los impactos de su propio desarrollo.
Porque, al final, la economía circular no es únicamente una ley; es una manera distinta —y urgente— de entender el futuro.
La Ley de Economía Circular no resolverá por completo la crisis ambiental del país, pero sí establece las bases para una transformación profunda y de largo plazo. Si México logra coordinar esfuerzos e invertir en infraestructura, el cambio no solo reducirá residuos: permitirá un uso más inteligente de los recursos y un desarrollo con menor impacto ambiental. Porque, al final, la economía circular es más que una ley: es una nueva forma —urgente y necesaria— de entender el futuro.
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La Industria Aeroespacial sigue despegando en estados como Guanajuato, nuestra especialista Silvia Ortiz de Vanguardia Industrial, nos explica la detonación de este sector en #NoticiasW con #VeroMéndez pic.twitter.com/itZ8boXKcU
— Vanguardia Industrial (@Vanguardiaind) September 13, 2023
