Última actualización enero 7th, 2026 3:03 PM
Tras años de crecimiento sostenido, la industria automotriz enfrenta un escenario de bajo dinamismo marcado por la saturación de mercados, cambios demográficos, mayores costos y nuevas reglas comerciales, donde la resiliencia empresarial se vuelve clave.
PUEBLA, Puebla (05/01/2026).- Del 2001 al 2017, la industria automotriz global creció de forma sostenida, con un ritmo promedio de 3% anual. Posteriormente ocurrieron la pandemia, las guerras y los aranceles impulsados por Donald Trump, lo que modificó sustancialmente las perspectivas del sector. El crecimiento anual esperado para los próximos años se ubica por debajo de 1%.
Por supuesto, esto no es solo consecuencia de desastres sanitarios o geopolíticos. La realidad es que los grandes mercados automotrices ya venían enviando señales de saturación desde hace algunos años. Ese es claramente el caso de Estados Unidos y Europa Occidental. En Estados Unidos hay 780 vehículos por cada mil habitantes; en Canadá y Japón, 670; y en Alemania, 590. En Latinoamérica destacan Brasil con 460 y Argentina con 500. El potencial de crecimiento permanece —como ya se sabía— en México, con 300 autos por cada mil habitantes, y especialmente en China, con 250. Anecdóticos resultan los datos de Taiwán (1,000) y Corea del Norte (11).
Mercados saturados y demografía
A este contexto se suma un factor estructural que dificulta revertir la tendencia: la evolución demográfica, que muestra que la población en Europa, China y Japón ya no crece.
En este entorno de bajo crecimiento, las empresas del sector deben enfrentar la complejidad de las nuevas tecnologías, así como la diversificación de normativas y reglas comerciales entre regiones. S&P Global pronostica que la producción mundial de automóviles pasará de 91 millones en 2025 a 96 millones en 2030, es decir, un crecimiento acumulado de apenas 5% en cinco años.
Otro factor que ha frenado la demanda es el precio. En Estados Unidos, el precio promedio de un auto nuevo ronda hoy los 50,000 dólares, 30% más que en 2019. Para las automotrices, esto tiene lógica: si el volumen no crece, el precio debe hacerlo para sostener los resultados financieros, especialmente ante el aumento en los costos de insumos y mano de obra. Para el consumidor, en cambio, esto reduce las posibilidades de adquirir un vehículo nuevo.
Estrategias y resiliencia
En China se observa una estrategia distinta: los precios han bajado como resultado de una competencia intensa derivada de la sobrecapacidad productiva. Aun así, el mercado chino crecerá apenas 3% este año, una cifra baja para sus estándares históricos.
La lógica económica sugiere que una vía de crecimiento podría ser la oferta de autos más baratos. Las marcas chinas han intentado esta estrategia exportando su capacidad excedente a Latinoamérica, África y Europa, trasladando la guerra de precios iniciada en su mercado interno. Hasta ahora, el éxito ha sido limitado, en parte porque varios países han impuesto aranceles a los productos chinos. Al final, la estrategia del auto barato pone en riesgo la rentabilidad de las empresas: unas pierden dinero al intentar desplazar a la competencia y otras ven reducidas sus ventas.
La respuesta de las armadoras tradicionales se ha basado en tres líneas de acción. Primero, el ajuste de capacidades productivas a la nueva realidad de la demanda, incluida la reducción de personal. Segundo, la inversión en nuevos productos que permitan mantenerse competitivos en tecnología y precio. Y tercero, la adaptación a nuevas reglas comerciales y normativas, lo que implica desarrollar capacidades de ingeniería y producción diferenciadas por región.
Hasta ahora, la mayoría de las empresas parece capaz de enfrentar estos retos. Volkswagen mantiene buenos resultados en Europa e inició un relanzamiento en China. Toyota ha sido conservadora en la adopción de vehículos eléctricos y el comportamiento del mercado parece respaldar su estrategia. Nissan y Stellantis aún enfrentan dificultades, aunque sus nuevos directores están impulsando cambios de fondo. Ford y General Motors, por su parte, se han retirado de la competencia global y consolidan su negocio en Estados Unidos con resultados positivos.
Una gran incógnita sigue siendo India, donde la movilidad depende en gran medida de la motocicleta. Si apenas 10% de los motociclistas adquiriera un automóvil, el mercado indio crecería 50%. Curiosamente, en este mercado de alto potencial no existe actualmente una presencia relevante de marcas chinas.
En conclusión, los mercados no están en crisis, pero algunas empresas sí. En este entorno incierto, el nombre del juego es la resiliencia, entendida como una gobernanza sólida respaldada por sistemas de gestión de integridad, objetivos, procesos, cumplimiento y riesgos.
Tras años de crecimiento sostenido, la industria automotriz enfrenta un escenario de bajo dinamismo marcado por la saturación de mercados, cambios demográficos, mayores costos y nuevas reglas comerciales, donde la resiliencia empresarial se vuelve clave.
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