Última actualización enero 8th, 2026 3:22 PM
En un contexto global que exige una transición energética urgente, el diseño de políticas en esta materia puede marcar la diferencia entre atraer inversiones sostenibles o frenar el desarrollo. La clave está en la visión a largo plazo, la estabilidad regulatoria y el liderazgo político que priorice consensos técnicos por encima de ideologías.
CIUDAD DE MÉXICO (14/07/2025).- En el vasto tablero donde se decide el futuro de las naciones, la política energética se ha convertido en una jugada decisiva. Para algunos representa una oportunidad de transformación; para otros, un obstáculo que ralentiza el desarrollo. ¿Por qué esta dualidad? Porque la energía no solo mueve turbinas: también mueve intereses, estrategias geopolíticas y, sobre todo, voluntades políticas.
Desde mi experiencia en el sector, he aprendido que los marcos regulatorios pueden ser una palanca de crecimiento o una barrera infranqueable para la innovación. La diferencia radica en una palabra clave: visión. Una política energética coherente, estable y con perspectiva de largo plazo no solo atrae inversión, también genera confianza. Pero cuando esta política se convierte en rehén de la coyuntura o del populismo, el costo lo pagamos todos: consumidores, empresas y medio ambiente.
Vivimos una era en la que la transición energética dejó de ser una opción para convertirse en una urgencia. Los compromisos internacionales de descarbonización, la necesidad de garantizar seguridad energética y el avance de tecnologías limpias nos obligan a repensar cómo diseñamos nuestras políticas. Y ahí está esa delgada línea: si regulamos con inteligencia, convertimos el cambio en oportunidad. Si lo hacemos con miopía, lo transformamos en obstáculo.
Tomemos el caso de las energías renovables. Algunos países han logrado integrarlas exitosamente gracias a marcos flexibles, incentivos bien diseñados y una visión clara de complementariedad tecnológica. Pero también hay ejemplos de regulaciones confusas, cambios intempestivos y discursos ideologizados que han frenado inversiones millonarias y generado desconfianza en el mercado.
El sector energético necesita reglas claras, pero también adaptables. Requiere seguridad jurídica, pero también apertura a nuevos modelos. Y, por encima de todo, necesita liderazgo político con el coraje de mirar más allá de los ciclos electorales.
Hoy más que nunca, debemos dejar de ver la política energética como un campo de batalla entre sectores o ideologías. Debe ser un espacio de consenso técnico y social, donde el objetivo sea claro: garantizar energía accesible, limpia y segura para todos.
En mi recorrido por este sector, he visto cómo una sola decisión puede cambiar el rumbo de una industria entera. Por eso, hago un llamado a quienes toman decisiones: la política energética no puede improvisarse. Porque entre oportunidad y obstáculo hay una línea muy delgada, y cruzarla depende de nosotros.
Acerca del autor:
CEO de Pecomsa y líder en el sector energético. Impulsa la transición sostenible en México colaborando con gobierno, industria, academia y sociedad para fortalecer ecosistemas e innovar con impacto.
En un contexto global que exige una transición energética urgente, el diseño de políticas en esta materia puede marcar la diferencia entre atraer inversiones sostenibles o frenar el desarrollo. La clave está en la visión a largo plazo, la estabilidad regulatoria y el liderazgo político que priorice consensos técnicos por encima de ideologías.
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La Industria Aeroespacial sigue despegando en estados como Guanajuato, nuestra especialista Silvia Ortiz de Vanguardia Industrial, nos explica la detonación de este sector en #NoticiasW con #VeroMéndez pic.twitter.com/itZ8boXKcU
— Vanguardia Industrial (@Vanguardiaind) September 13, 2023
