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Dic 08, 2025 Admin Economía, Más Industria 0
Kenneth Smith, exjefe negociador del T-MEC por México y especialista en comercio internacional, advirtió que la revisión formal del tratado en 2026 estará marcada por un proceso técnico y político de alta complejidad, luego de que Estados Unidos activó consultas públicas y audiencias con fuerte participación empresarial. Señaló que más de 75% de los comentarios respaldan la continuidad del acuerdo, pero con mayores exigencias en cumplimiento, mientras México acudirá con cartas fuertes como su peso estratégico en manufactura, integración automotriz, estabilidad de las cadenas de suministro y su papel clave en la relocalización regional.

Kenneth Smith Ramos asistió a un encuentro con medios del COMCE, donde se compartieron datos clave sobre el desempeño de inversión y exportaciones en México. (Fotografía: Cortesía)
Silvia Ortiz
CIUDAD DE MÉXICO (08/12/2025).– A meses de que inicie formalmente el proceso de revisión del T-MEC, Estados Unidos activó consultas públicas que anticipan una evaluación compleja del acuerdo, aunque con una señal clara de continuidad: la mayoría de los sectores económicos que participaron en el proceso rechazaron la idea de cancelarlo y respaldaron su extensión.
La Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) organizó audiencias públicas en Washington, donde participaron más de 150 empresas, asociaciones e individuos, y se recibieron alrededor de 1,500 cartas con comentarios técnicos sobre el funcionamiento del tratado. La mayoría de estos pronunciamientos coincidieron en que el acuerdo ha sido positivo para la economía estadounidense, aunque subrayaron la necesidad de ajustes puntuales. También se expresó que “el tratado ha consolidado las cadenas de suministro en la región, aunque requiere perfeccionamientos operativos”.
Kenneth Smith Ramos, exjefe de la negociación técnica del T-MEC por parte de México y actual especialista en comercio internacional, participó directamente en estas audiencias. Con más de dos décadas de experiencia en negociaciones comerciales, Smith fue una de las voces que dio seguimiento a los temas de cumplimiento, reglas de origen, aranceles y reformas regulatorias. Durante su intervención, señaló que
no estamos ante un proceso simbólico, sino ante una revisión que será técnica, compleja y políticamente sensible.
Kenneth Smith Ramos, presidente del Comité Empresarial Bilateral México- Estados Unidos, sobre perspectivas de 2026 del T-MEC, participó este lunes en la presentación del documento: Perspectivas de IED y Comercio Exterior para 2026, rumbo a la revisión del T-MEC en 2026. En ese ejercicio, el COMCE expuso que México cerrará 2025 con 660 mil millones de dólares en exportaciones y se proyecta superar los 700 mil millones en 2026. Además, informó que para 2026 se prevé un crecimiento del 1.29% al 1.5%, inflación de 3.7% y un tipo de cambio cercano a 19 pesos por dólar, consolidando al país como una de las economías que avanza mientras el mundo se desacelera.
Kenneth Smith Ramos, informó que de acuerdo con la información presentada, más del 75% de los comentarios recibidos en el proceso estadounidense hicieron referencia explícita a la conveniencia de extender el tratado por un nuevo periodo de 16 años, como lo establece el propio mecanismo de revisión del T-MEC. Solo una fracción mínima de los pronunciamientos planteó la posibilidad de cancelar el acuerdo. “El nivel de respaldo es alto y las posiciones de salida son marginales”, ha indicado Smith.
Sin embargo, el fuerte respaldo a la permanencia no implica que el proceso sea sencillo. Los comentarios enviados por grandes grupos empresariales estadounidenses, como cámaras industriales y asociaciones manufactureras, incluyeron preocupaciones sobre el cumplimiento de compromisos por parte de los tres países, la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias, así como la aplicación de reformas constitucionales en México, particularmente en sectores estratégicos. En esas audiencias también se insistió en que “se requiere un piso parejo para invertir y competir en la región”.
Un proceso legal que abre incertidumbre
Uno de los puntos centrales de esta etapa es el informe que la USTR debe presentar al Congreso de Estados Unidos en enero. Dicho documento, derivado de la ley de implementación del T-MEC en ese país, debe resumir los resultados de las consultas y anticipar la estrategia estadounidense para la revisión. Según se ha señalado en el Capitolio, “el Congreso necesita claridad documental para ejercer su función de supervisión comercial”.
Sin embargo, existe incertidumbre sobre la forma que tendrá este reporte. En el Congreso estadounidense se discute si la información será entregada mediante un documento escrito, público y detallado, o si se optará por audiencias privadas a puerta cerrada entre la USTR y los comités de Finanzas del Senado y de “Ways and Means” en la Cámara de Representantes. Legisladores han señalado que “un proceso sin informe público limitaría el escrutinio y la transparencia”.
Esta definición es relevante porque, de no existir un informe escrito, se reduciría la visibilidad pública del proceso y se concentraría la discusión en espacios cerrados. Legisladores estadounidenses han manifestado preocupación por este escenario, en particular por la necesidad de contar con un documento formal que permita análisis técnico, preguntas formales y seguimiento legislativo. “La revisión no puede depender solo de reuniones privadas”, han advertido.
El tratado no expira en 2026
Uno de los puntos que ha generado confusión en el debate público es la supuesta “expiración” del T-MEC. De acuerdo con especialistas y con lo establecido en el propio texto del acuerdo, el tratado no vence en 2026. Ese año únicamente marca el inicio del mecanismo de revisión. En foros especializados se ha reiterado que “2026 es una fecha de evaluación, no de caducidad”.
El T-MEC tiene vigencia hasta 2036, y solo podría terminar antes si alguno de los países decidiera retirarse voluntariamente, lo que requeriría una notificación con seis meses de anticipación. Analistas que participaron en las consultas consideran que un retiro unilateral tiene una probabilidad muy baja. “La salida anticipada del tratado no es el escenario base”, han expresado.
Lo que sí se prevé es que la revisión sea prolongada. El calendario formal establece que los tres países deben reunirse antes del 1 de julio de 2026 para evaluar el funcionamiento del tratado, pero el proceso puede extenderse durante todo ese año e incluso derivar en revisiones anuales posteriores si no se alcanzan acuerdos inmediatos. Según participantes en el proceso, “no será una revisión exprés, sino un ejercicio prolongado”.
México prepara su postura
En paralelo al proceso estadounidense, México ha iniciado consultas internas con sectores empresariales, organizaciones civiles y gobiernos estatales. La Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, ha señalado que en enero se presentará una postura formal de México frente a la revisión del T-MEC. En ese contexto, funcionarios han indicado que “México llegará con una posición estructurada y técnicamente sólida”.
Este proceso coincide con un contexto político relevante. Durante el sorteo de la Copa Mundial, los jefes de Estado de México, Canadá y Estados Unidos coincidieron en un evento público, lo que fue interpretado por analistas como una señal de coordinación política, aunque no se discutieron de manera formal los temas del tratado. Observadores consideraron que “estos gestos políticos no sustituyen las mesas de negociación”.
Competencia global y presión arancelaria
En Washington, los escenarios que se discuten apuntan a que Estados Unidos buscará replicar estrategias que ha utilizado con otros socios comerciales, como la Unión Europea, Japón y Corea del Sur. Estas estrategias incluyen la posibilidad de mantener aranceles base, establecer restricciones cuantitativas y exigir una mayor apertura de mercados. Especialistas han advertido que “los aranceles seguirán siendo una herramienta recurrente de presión”.
Adicionalmente, el tema de China ha ganado centralidad en las discusiones. Estados Unidos ha incrementado la presión para contener exportaciones e inversiones chinas en sectores considerados estratégicos. En este contexto, México enfrenta el reto de equilibrar su relación comercial con China mientras consolida su integración a Norteamérica. “La variable china estará presente en todo el proceso”, han señalado analistas.
También en el Congreso mexicano se discuten posibles incrementos arancelarios a productos provenientes de países sin tratados de libre comercio, medida que podría impactar indirectamente a China. Se ha advertido que “cualquier cambio arancelario genera efectos en cadena dentro de las industrias”.
Trilateralidad o bilateralismo
Uno de los debates de fondo es si Estados Unidos intentará transformar la lógica trilateral del T-MEC hacia esquemas más bilaterales. Analistas y exnegociadores consideran que la fortaleza del acuerdo radica precisamente en su carácter trilateral, con reglas comunes, estándares compartidos y procedimientos aduaneros armonizados. En este sentido, se ha subrayado que “la esencia del tratado es su arquitectura trilateral”.
La industria automotriz es citada como ejemplo de la alta integración regional. Las cadenas productivas entre México, Estados Unidos y Canadá funcionan como una sola “fábrica de América del Norte”, lo que hace técnicamente complejo y financieramente costoso cualquier intento de desarticularlas. Expertos apuntan que “romper estas cadenas implicaría costos elevados para toda la región”.
Cartas fuertes de México
De cara a la revisión formal del tratado, México cuenta con argumentos que fortalecen su posición negociadora. Entre ellos destacan su papel central en las cadenas de suministro de América del Norte, la consolidación del fenómeno de relocalización de inversiones, la integración de su industria automotriz y manufacturera, así como la creciente importancia del país en sectores estratégicos.
En este contexto, Kenneth Smith sostuvo que
la mayor carta de México es su presencia ya integrada en las cadenas productivas de la región; desmantelar eso tendría costos para todos”, y añadió que “México llega con fortalezas estructurales que no pueden ignorarse en una revisión.
Una revisión difícil, pero con continuidad
Aunque se anticipa un proceso políticamente sensible, con presiones retóricas y anuncios que pueden tensar el entorno, la expectativa entre los especialistas es que el T-MEC continuará vigente. La revisión se perfila como un proceso técnico, largo y con tensiones negociadoras, más que como un escenario de ruptura. “No estamos frente a un escenario de terminación, sino de ajustes”, se ha señalado.
Para México, los próximos meses estarán marcados por la definición de su postura oficial, la coordinación con Canadá y el seguimiento cercano a las decisiones que tome el Congreso estadounidense. Como se ha advertido en el proceso, “la preparación anticipada será clave para enfrentar una revisión compleja”, dijo.
Kenneth Smith, exjefe negociador del T-MEC por México y especialista en comercio internacional, advirtió que la revisión formal del tratado en 2026 estará marcada por un proceso técnico y político de alta complejidad, luego de que Estados Unidos activó consultas públicas y audiencias con fuerte participación empresarial. Señaló que más de 75% de los comentarios respaldan la continuidad del acuerdo, pero con mayores exigencias en cumplimiento, mientras México acudirá con cartas fuertes como su peso estratégico en manufactura, integración automotriz, estabilidad de las cadenas de suministro y su papel clave en la relocalización regional.
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