Última actualización mayo 27th, 2026 12:14 PM
May 27, 2026 Admin Economía, Más Industria 0
La revisión del tratado comercial marcará un antes y un después para la manufactura en Norteamérica, debido a que las empresas enfrentarán reglas más estrictas y mayores costos de cumplimiento.
El T-MEC concentra un comercio regional cercano a 1.8 billones de dólares, integra un mercado de 501 millones de consumidores y representa alrededor del 30% de la economía mundial. (Fotografía: Generada por la IA)
“Tenemos todas las condiciones, somos economías complementarias y hemos demostrado que podemos no nada más comerciar, sino producir juntos para venderle más al mundo”, afirma Beatriz Leycegui, socia de SAI Derecho & Economía, entrevistada por Vanguardia Industrial antes de las negociaciones. (Fotografía: Vanguardia Industrial)
Juan Carlos Baker, director general y socio fundador de Ansley Consultores Internacionales, considera que incluso si se prolongan las negociaciones sobre el T-MEC serán manejables para la industria, siempre y cuando exista la intención de llegar a un acuerdo. (Fotografía:
Ansley Consultores Internacionales)
Las negociaciones apuntan hacia ajustes que incluirían un marco de cumplimiento fortalecido con verificaciones de origen más rigurosas, particularmente en los sectores automotriz, acero, aluminio y electrónica, prevé Yamel Cado, socia líder de Comercio Internacional y Aduanas de PWC. (Fotografía: PWC)
Mario Hernández, socio líder del segmento IMMEX de KPMG México. (Fotografía: KPMG) Hugo Salvatierra Arreguín
CIUDAD DE MÉXICO (27/05/2026).- La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) que formalmente comenzará el 1 de julio, pone a prueba a la industria: cualquiera que sea el veredicto final, la realidad es que las reglas no volverán a ser las mismas, por lo que las distintas empresas que integran la cadena de valor deberán reconfigurarse.
Es mucho lo que está en juego, debido a que el comercio regional bajo este acuerdo, que entró en vigor el 1 de julio de 2020 en sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), asciende a alrededor de 1.8 billones de dólares, además de que esta zona del planeta cuenta con 501 millones de consumidores y engloba 30% de la economía mundial.
En lo que concierne a México, América del Norte le aportó casi la mitad de la Inversión Extranjera Directa (IED) en 2025: Estados Unidos contribuyó con 38.8%, mientras que Canadá tuvo una participación de 8.1 por ciento.
Por todo esto, el T-MEC es una de las piezas angulares de la economía mexicana, por lo que será vital llegar a un acuerdo que permita seguir generando industria y empleos.
Tenemos todas las condiciones, somos economías complementarias y hemos demostrado que podemos no nada más comerciar, sino producir juntos para venderle más al mundo,
afirma Beatriz Leycegui, socia de SAI Derecho & Economía, entrevistada por Vanguardia Industrial antes de que comenzaran las negociaciones.
¿Qué pasará si no se llega a un acuerdo?
En los últimos meses se han puesto múltiples escenarios sobre la mesa. El peor de ellos es la decisión de no continuar con el acuerdo, lo que significaría un severo golpe para la economía del país. Hay quienes ven remota esa posibilidad, pero conforme avanza la cuenta regresiva tampoco es algo descabellado.
Basta recordar lo que el presidente estadounidense, Donald Trump, dijo del T-MEC el 13 de enero de este año durante una visita a Detroit, Michigan: “No tiene ninguna ventaja, es irrelevante”. Y agregó que su país no necesita automóviles fabricados en Canadá, ni en México: “Queremos traerlos aquí. Y eso es lo que está pasando”.
No obstante, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se mantiene optimista. Por ejemplo, el pasado 24 de marzo declaró que es relevante que ya hayan comenzado las conversaciones acerca de la revisión del tratado, pues tiempo atrás había incertidumbre. “Eso quiere decir que el tratado se va a renovar, porque si no, ¿para qué te invitan a conversaciones?”, puntualizó.
A pesar de estas declaraciones, hay voces que recomiendan estar preparados por si no se renueva el acuerdo. Una de ellas es la de Juan Carlos Baker, director general y socio fundador de Ansley Consultores Internacionales, quien fue subsecretario de Comercio Exterior de México entre septiembre de 2016 y noviembre de 2018 y durante su gestión encabezó las negociaciones de lo que a la postre se convertiría en el T-MEC.
“No es porque yo esté de alguna manera dudando o demeritando el trabajo que ha hecho el Gobierno de México, por supuesto que no. Pero si tú escuchas lo que dicen las autoridades de Estados Unidos, si tú ves lo que dice el propio representante comercial de Estados Unidos, el embajador Jamieson Greer, pues no sabemos si la renovación automática del T-MEC es algo que esté en el mejor interés de Estados Unidos”, explica Baker en entrevista.
Recordemos que el pasado 7 de abril Jamieson Greer dijo que es probable que las negociaciones se prolonguen más allá del 1 de julio. Habló inclusive de la posibilidad de que Estados Unidos podría considerar medidas para salir del acuerdo para continuar las negociaciones bajo nuevos términos, pues Trump no está de acuerdo con sus resultados, como, por ejemplo, el aumento de las importaciones de automóviles procedentes de México. Incluso se podrían establecer protocolos separados para México y Canadá.
Si esto ocurriera, comenzaría un proceso anual de revisión, declaró Ebrard a CNN el 19 de abril. “Ahora, ¿qué tan grave es eso? Pues llevamos todo este año revisando cosas del tratado y una coexistencia entre la norma (sección) 232 que establece aranceles con un tratado que establece no aranceles”, reiteró.
Si las negociaciones se prolongan un año o hasta 18 meses, pero con la intención de llegar a un acuerdo, las cosas podrían ser manejables para la industria, siempre y cuando se den algunas ventanas de oportunidad, como una disminución de los aranceles a las industrias que están sufriendo, como la automotriz, el acero y los derivados, especula Baker.
“Si este proceso de no renovar se te prolonga al infinito, dos, tres, cuatro, cinco años, creo que la economía de México puede sufrir bastante”, ahonda el experto.
Ante este escenario, Baker sugiere enfocar las exportaciones hacia mercados alejados de Estados Unidos.
Al analizar el proceso de revisión, indica que las industrias en las que Estados Unidos tiene un déficit mayor son las más expuestas a lo que ocurra en esta negociación, como dispositivos médicos, el sector eléctrico y algunos subsectores del agro.
“Creo que no hay nadie (de las distintas industrias) que esté absolutamente fuera de peligro porque el presidente Trump no distingue”, opina.
¿Dónde estarán los cambios del T-MEC?
“Ha sido adecuada la política que ha seguido México de dar prevalencia a una región donde hemos estado participando en los últimos 30 años activamente en integrarla más para poder competirle de frente al mundo”, asegura Leycegui, de SAI Derecho & Economía.
Por eso, es necesario estar conscientes de dónde podrían venir los cambios, para poder reaccionar y sacar el mejor provecho. Con base en lo visto hasta ahora en las pláticas previas a la revisión, estos tendrán lugar en tres grandes rubros: origen de las mercancías, procesos de transformación y trazabilidad.
En lo referente al primer tema, el 2 de agosto de 2002 el gobierno federal estableció los Programas de Promoción Sectorial (Prosec). Este mecanismo, que opera en 24 industrias —como la eléctrica, la electrónica, la siderúrgica y la automotriz y de autopartes—, permite importar bienes de los que no había proveeduría nacional, los cuales, tras un proceso de transformación, califican como originarios de la región, con los beneficios arancelarios que esto implica.
Y lo que pasó fue eso, que realmente terminamos beneficiando a terceros países; que derivado de la ayuda de Prosec, con apoyo en de la regla octava (tasa arancelaria de 0%-10%) y con la ayuda de otros mecanismos legales —no estoy hablando de nada ilegal, todo es legal— se siguió importando mucha mercancía que no viene del TLCAN o del T-MEC. Esa área creo que es la que va a cambiar,
prevé Mario Hernández, socio líder del segmento IMMEX de KPMG México.
El experto encuentra tres escenarios para este programa: 1) Luego de las negociaciones podría desaparecer; 2) se mantiene, pero con tasas más comerciales, de entre 10 y 15%, y, 3) quedan restringidas las importaciones de terceros países, lo cual difícilmente podría ocurrir y, de suceder, no procedería de manera inmediata.
Agrega que de acuerdo con el entorno actual, si todos los productos llegan de Norteamérica serán más costosos y la región perderá competitividad. “Lo que ha dicho el gobierno de Estados Unidos de jalar toda la manufactura de Estados Unidos no es viable”, sostiene.
Y deja claro que no se puede sustituir de la noche a la mañana toda esa proveeduría, pero que sí debe haber controles y restricciones para que paguen impuestos de importación, ya sea en México, en Estados Unidos o en Canadá.
Ante este panorama, lo ideal sería incrementar la proveeduría nacional en todas las mercancías, productos y materias primas que actualmente se importan, tarea en la que deberían trabajar las empresas, los gobiernos, la academia y los clústeres. Pero difícilmente esto ocurrirá en el corto plazo.
En este sentido, Hernández expone que los sectores con mayor riesgo debido a su bajo contenido regional son productos eléctricos, electrodomésticos, para el cuidado animal, para el cuidado de la ropa, pantallas, computadoras y teléfonos.
Con base en lo anterior, se espera un marco de cumplimiento fortalecido con verificaciones de origen más rigurosas, particularmente en los sectores automotriz, acero, aluminio y electrónica. “En caso de incumplimiento, se niegan preferencias arancelarias, lo que deriva en impuestos omitidos, multas y otras sanciones”, reflexiona Yamel Cado, socia líder de Comercio Internacional y Aduanas de PWC.
Impuestos a los procesos de transformación
En lo que respecta al proceso de transformación se prevé que habrá cambios sustanciales. En la industria automotriz es donde actualmente se exige mayor contenido regional, por lo que se ha trabajado en el desarrollo de proveedores, pero no así en otras industrias.
Hernández plantea que en las negociaciones se pedirá que para que un producto sea originario de la región no sólo deba tener un salto de fracción arancelaria (proceso en el que los productos extranjeros son transformados en un país miembro del tratado para convertirlos en originarios), sino un mayor contenido regional, incluyendo la mano de obra.
Desde la óptica del experto de KPMG esto tendría que ocurrir de manera paulatina. En este sentido, Hernández sugiere que como medida temporal los productos con estas características paguen un impuesto de importación para que ingresen como contenido regional, de modo que haya algunos años para incrementar el nivel de proveeduría regional.
En el tema relacionado con la fuerza laboral, diversas empresas estadounidenses han cuestionado el bajo costo de la mano de obra en México. Por ejemplo, mientras que en la manufactura de Estados Unidos la mano de obra calificada está valuada en un monto de entre 30 y 50 dólares la hora, un trabajador mexicano recibe entre 6 y 12 dólares por la misma labor, de acuerdo con información de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de que vendrán cambios, “tampoco van a irse (las empresas extranjeras), no se van a dar un disparo en el pie”, porque también por esa razón están las compañías estadounidenses en México, dice Hernández.
Los enredos de la trazabilidad
También está previsto que el T-MEC tenga cambios en materia de trazabilidad, lo cual podría complicar todavía más las cosas para las empresas.
Como contexto, actualmente es complicado obtener un certificado de origen de los productos, debido a que muchas veces contienen insumos importados de varios países fuera de Norteamérica, los cuales se ensamblan en México, hecho que complica el cálculo de su contenido regional. Además, para dictaminar su origen es necesario tener acceso a la documentación de los proveedores.
En un tema afín, el 1 de enero de 2022 entró en vigor en México la figura del beneficiario controlador, mediante la cual todas las personas morales, fideicomisos y otras figuras jurídicas están obligadas a obtener y conservar como parte de su contabilidad la información fidedigna, completa y actualizada de sus beneficiarios controladores.
De este modo el Servicio de Administración Tributaria (SAT) puede saber quién realmente está detrás de una empresa como propietario, lo que contribuye a detectar temas como el lavado de dinero.
Sin embargo, las compañías asiáticas están comprando empresas en todo el mundo, pero las mantienen como empresas locales. Por lo tanto, puede ocurrir que compren productos a empresas canadienses o estadounidenses para sus procesos de manufactura, pero en realidad el capital sigue siendo asiático.
Hernández plantea que en las negociaciones del T-MEC podrían establecerse restricciones para contrarrestar este tipo de operaciones y evitar que las utilidades salgan de Norteamérica.
A esto hay que agregar que en diciembre de 2025 se publicaron cambios a la Ley Aduanal, con los que ahora los agentes aduanales son responsables solidarios por el pago de los impuestos al comercio exterior, de las demás contribuciones que correspondan y de las cuotas compensatorias.
Debido todos los cambios que están ocurriendo y a los que podrían venir, Hernández advierte que se podría llegar a un tema de imposibilidad práctica para operar, pues se crearía una distorsión o una afectación en las cadenas de suministro, las cuales no podrían importar por no contar con la información completa acerca del origen de los productos.
Al respecto, Cado, de PWC, dice que el cumplimiento de las reglas de origen exige mapeo de materiales y trazabilidad correcta, por lo que las empresas que inviertan ahora en sistemas automatizados estarán en posición de soportar certificaciones de origen ante un entorno de verificaciones más rigurosas.
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