Última actualización octubre 16th, 2026 10:35 AM
La consulta del USTR anticipa una revisión anual más exigente. México debe actuar desde ahora para defender las cadenas productivas regionales y negociar con Washington en condiciones de certidumbre.
CIUDAD DE MÉXICO (16/10/2026).- El USTR abrió el 2 de octubre una nueva consulta pública sobre el T-MEC. Leída rápidamente, parece otro procedimiento de Washington: comentarios, una audiencia, expedientes y fechas límite. Yo no la vería así. Para mí, lo importante es que Estados Unidos ya empezó a preparar la revisión de 2027, apenas tres meses después de la reunión del 1 de julio, en la que decidió no extender el Tratado por otros 16 años.
El T-MEC no terminó el 1 de julio y tampoco está a punto de terminar. Sigue vigente hasta 2036. Lo que cambió es el camino para llegar hasta allá. Como Estados Unidos no confirmó la extensión, el propio Tratado obliga ahora a los tres países a reunirse cada año hasta que todos acuerden extenderlo o hasta que llegue 2036. En otras palabras, la revisión dejó de ser un evento que ocurría una vez cada seis años. Entramos, por ahora, en una revisión anual.
La consulta que acaba de abrir el USTR es el primer paso formal de ese nuevo ciclo. Los comentarios deberán entregarse a más tardar el 12 de enero de 2027. Ese mismo día vence el plazo para solicitar la participación en la audiencia pública y entregar un resumen del testimonio. El USTR todavía no ha fijado la fecha de esa audiencia. Después habrá siete días para responder o complementar lo que se haya presentado.
Lo interesante no son las fechas. Son las preguntas.
El USTR quiere escuchar prácticamente cualquier comentario sobre el funcionamiento del T-MEC, pero hay tres temas que llaman la atención. Está preguntando por problemas de cumplimiento; por acciones concretas que Estados Unidos debería proponer en la revisión; y por algo bastante más amplio: cómo está funcionando el Tratado para atraer inversión, fortalecer la competitividad y el liderazgo tecnológico estadounidense, y mejorar la seguridad económica de Norteamérica frente a las políticas de economías que no operan bajo reglas de mercado.
No hace falta que el documento diga China en cada párrafo para entender el mensaje. Esto encaja con lo que Washington ha venido diciendo durante todo el año: quiere reglas de origen más fuertes en sectores estratégicos, menos transshipment, mayor capacidad para conocer de dónde vienen los componentes y menos espacio para que empresas de terceros países utilicen México o Canadá como puerta de entrada al mercado estadounidense.
Por eso creo que sería un error leer esta consulta como una simple repetición de la que el USTR hizo antes de la revisión de 2026. La diferencia es el contexto. La primera revisión ya ocurrió y no produjo la extensión del Tratado. Estados Unidos llega ahora a 2027 sabiendo que puede volver a utilizar la revisión anual para presionar sobre los temas que quedaron abiertos. Y las empresas estadounidenses tienen tres meses para decirle formalmente a su gobierno cuáles quieren que sean esos temas.
La cuarta ronda importa todavía más
Esto también cambia la lectura de la cuarta ronda entre México y Estados Unidos. Son procesos distintos: una cosa son las conversaciones bilaterales que México y Washington vienen sosteniendo y otra, la revisión anual del T-MEC. Pero sería ingenuo pensar que no están conectados.
Todo problema que México pueda resolver antes de que Washington construya formalmente su agenda de 2027 es un problema menos que puede llegar a la siguiente revisión. Autos, autopartes, acero y aluminio, reglas de origen, temas laborales, energía, agricultura, seguridad económica y contenido de terceros países no desaparecieron el 1 de julio. Algunos se están negociando ahora; otros pueden regresar el próximo año con mayor presión.
Aquí hay una oportunidad. Si la cuarta ronda produce avances concretos, México puede llegar a 2027 con menos pendientes y con una relación más ordenada con Washington. Si no ocurre, la consulta pública puede convertirse en el lugar donde las quejas de sectores estadounidenses se acumulen y después se transformen en posiciones formales del USTR.
México no debería esperar a enero
Yo empezaría a trabajar desde ahora. Y no solamente desde el gobierno. La consulta del USTR también se gana del lado estadounidense.
México necesita identificar qué industrias, asociaciones y empresas de Estados Unidos dependen realmente de las cadenas productivas mexicanas y tienen algo que perder si esas cadenas se encarecen o se rompen. Autopartes, electrónica, maquinaria, dispositivos médicos, aeroespacial y agricultura son ejemplos claros. Esas empresas pueden explicar ante el USTR algo que México, por sí solo, tiene menos fuerza para decir: que buena parte de la producción mexicana también sostiene empleo, proveedores e inversión dentro de Estados Unidos.
Ése me parece un punto central. No debemos llegar a 2027 únicamente diciendo que el T-MEC funciona y que queremos conservarlo. Hay que demostrar dónde funciona, cuánto valor estadounidense existe dentro de lo que México exporta y cuánto costaría desarmar cadenas que llevan años integrándose.
Al mismo tiempo, México necesita reconocer que Washington sí tiene preocupaciones que van a permanecer. El transshipment, el contenido chino, la trazabilidad y la inversión de empresas de economías no de mercado no van a desaparecer porque nos incomode discutirlos. Como lo he venido reiterando, en vez de negarlos, conviene separar claramente una operación que utiliza México para evadir una medida comercial de una inversión que realmente fabrica, transforma, emplea trabajadores y genera valor agregado en el país.
Hay que llegar con una propuesta, no sólo con una defensa
Esto ya lo hemos comentado: México puede ofrecer más trazabilidad, mejor cooperación entre la ANAM y la CBP, controles más efectivos contra el transshipment y mecanismos que permitan conocer el origen de componentes sensibles. Incluso podemos discutir cómo aumentar el contenido norteamericano en determinadas cadenas estratégicas.
Pero eso tiene que ser una negociación. Si Estados Unidos quiere más seguridad, trazabilidad y contenido regional, México debe pedir a cambio certidumbre: reglas claras para automóviles y autopartes, una salida a los aranceles extraordinarios sobre acero y aluminio y un trato previsible para las empresas que puedan demostrar que cumplen las reglas.
Y hay una línea que yo cuidaría mucho: más contenido norteamericano no puede terminar significando simplemente más contenido estadounidense. Si ésa fuera la conclusión, el T-MEC dejaría de ser una plataforma regional para convertirse en un mecanismo de relocalización hacia un solo país. Eso no le conviene a México, pero tampoco necesariamente a las empresas estadounidenses que hoy producen utilizando una cadena integrada.
Lo que realmente está en juego
La consulta del USTR confirma que el T-MEC entró en una etapa distinta. Ya no tenemos seis años para prepararnos para la siguiente revisión. Tenemos revisiones anuales y, con ellas, una dosis de incertidumbre que puede empezar a pesar sobre las decisiones de inversión de largo plazo.
México necesita reducir esa incertidumbre lo antes posible. Para hacerlo, no basta con defender lo negociado en 2018. Tenemos que explicar qué queremos construir a partir de ahora.
Yo trataría de mover la conversación hacia una pregunta mucho más útil: en lugar de discutir cuánto más debe producir Estados Unidos y cuánto menos México, ¿por qué no discutir cuánto de lo que hoy compramos a Asia podemos producir juntos en Norteamérica?
Ahí cambia la negociación. México deja de presentarse como el país que pide conservar preferencias y se presenta como parte de la solución a una preocupación que Washington considera estratégica: producir más cerca, depender menos de China y saber realmente qué hay detrás de cada cadena de suministro.
La consulta termina en enero, pero la discusión ya empezó. México haría bien en no llegar tarde.
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Cel.: 55 4088 5015
La consulta del USTR anticipa una revisión anual más exigente. México debe actuar desde ahora para defender las cadenas productivas regionales y negociar con Washington en condiciones de certidumbre.
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