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Sep 29, 2026 Admin Automotriz 0
Es indispensable garantizar la certidumbre en América del Norte y fijar reglas claras que eliminen obstáculos, para blindar la profunda integración industrial tejida con Estados Unidos y Canadá, indicó Kenneth Smith Ramos, socio de AGON.
Reglas de origen, aranceles y certidumbre para la inversión son los ejes que hoy preocupan al sector automotriz, señaló Kenneth Smith Ramos. (Fotografía: INA)
La integración industrial entre México, Estados Unidos y Canadá enfrenta uno de sus momentos más decisivos, afirmó Kenneth Smith Ramos. (Fotografía: Vanguardia Industrial)
Más allá de lo comercial, el futuro del T-MEC pasa por el papel de la región en la economía global, dijo Kenneth Smith Ramos. (Fotografía: Vanguardia Industrial) Uriel Naum Avila
CIUDAD DE MÉXICO (28/09/2026).- El sector automotriz en América del Norte se encuentra en el ojo del huracán. No se trata únicamente de un pilar económico fundamental para la región, sino de uno de los temas más álgidos en la agenda de discusión del T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá.
Así lo delineó Kenneth Smith Ramos, socio de AGON, durante el XXIV Congreso Internacional de la Industria Automotriz en México (CIIAM), al poner sobre la mesa la magnitud del intercambio comercial que hay entre los tres países, que ronda los 2 billones de dólares.
La relación bilateral entre México y Estados Unidos proyecta superar los 1.1 billones de dólares en comercio durante el presente año. Además, el atractivo de la Inversión Extranjera Directa (IED) refleja una dependencia profunda del bloque: más del 50% proviene de Estados Unidos y un 4% adicional de Canadá, concentrando entre ambos socios norteamericanos más de la mitad de la inversión captada por México.
Sin embargo, las cifras macroeconómicas contrastan con los desafíos sectoriales. Del total de las exportaciones mexicanas, aproximadamente el 83% tienen como destino final la Unión Americana. Ante la inminente revisión del tratado y su potencial extensión por 16 años, Smith Ramos enfatizó que la política exterior y comercial de Estados Unidos ha comenzado a pasar factura al sector.
“Lo que está en juego en esta revisión no es solamente la continuidad del tratado, sino la capacidad de América del Norte para seguir siendo una de las regiones manufactureras más competitivas del mundo”, señaló.
Mientras que las exportaciones hacia el resto del mundo se han mantenido en niveles relativamente estables, los envíos de automóviles hacia Estados Unidos registran una caída notable debido a las presiones derivadas de los aranceles impuestos por Washington.
En el terreno de la IED destinada al sector manufacturero, el 64% se canaliza directamente a la producción de vehículos, mientras que el porcentaje restante sostiene a la industria de autopartes. Pese a tratarse de un flujo relevante, con cifras acumuladas de 21 mil millones de dólares entre 2018 y 2026, las estadísticas muestran una contracción respecto al periodo anterior.
Un segundo aire industrial
Para que la industria automotriz retome su senda de crecimiento, el especialista subraya que es indispensable garantizar certidumbre en América del Norte, salvaguardar el acceso al mercado más grande del mundo y fijar reglas claras que eliminen obstáculos, blindando la profunda integración industrial tejida con Estados Unidos y Canadá.
En ese contexto, advirtió que una sobrerregulación de los requisitos de contenido regional podría generar efectos contrarios a los deseados. “Si hacemos las reglas de origen demasiado estrictas, las empresas no necesariamente se moverán a Estados Unidos; pueden simplemente salir de América del Norte”, alertó.
Más allá de la coyuntura geopolítica y comercial, advirtió que el sector transita por una transformación tecnológica sin precedentes. La innovación global está redefiniendo el propósito y la naturaleza misma de los vehículos.
Hoy en día, los automóviles han dejado de ser simples medios de transporte para convertirse en complejas computadoras sobre ruedas, obligando a toda la cadena de valor regional a adaptarse velozmente a esta nueva realidad digital y de movilidad.
Pero la transformación tecnológica no es el único desafío. Mientras la industria acelera hacia la electrificación, la Inteligencia Artificial y las cadenas de suministro avanzadas, la revisión del T-MEC ocurre en un momento de crecientes tensiones comerciales, nuevas barreras arancelarias y una competencia cada vez más agresiva por parte de China.
En ese sentido, para Smith Ramos, el reto de América del Norte no es menor: preservar una integración productiva construida durante décadas sin perder competitividad frente a un entorno global que cambia a una velocidad inédita.
Hoy la discusión no es solamente comercial. Lo que está en juego es dónde se van a localizar las inversiones, dónde se desarrollarán las nuevas tecnologías y qué región tendrá la capacidad de liderar la manufactura del futuro,concluyó.
Es indispensable garantizar la certidumbre en América del Norte y fijar reglas claras que eliminen obstáculos, para blindar la profunda integración industrial tejida con Estados Unidos y Canadá, indicó Kenneth Smith Ramos, socio de AGON.
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