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Sep 29, 2026 Admin Más Industria 0
Con una posición privilegiada en la manufactura global, México tiene la oportunidad de convertirse en protagonista de una transformación que ya no es opcional, sino estratégica: la sustentabilidad.
Las pymes tienen el gran problema, en su mayoría, de no contar con tecnología sostenible, dice Gema Sacristán, socia líder de Sostenibilidad y Cambio Climático de Deloitte. (Fotografía: Vanguardia Industrial)
El cumplimiento de la Economía Circular se tendrá que trabajar como un plan de acción por el gremio en los siguientes años, considera Gema Sacristán, socia líder de Sostenibilidad y Cambio Climático de Deloitte. Fotografía: Vanguardia Industrial) Uriel Naum Avila
CIUDAD DE MÉXICO (29/09/2026).- Por décadas, la Fórmula 1 fue vista como la máxima expresión de velocidad, ingeniería y competencia. Hoy quiere ser también un laboratorio de sostenibilidad. Desde inicios de 2026, la categoría utiliza combustible 100% avanzado, sin componentes derivados del petróleo, y busca reducir el consumo a apenas 70 kilogramos por carrera.
Para Gema Sacristán, socia líder de Sostenibilidad y Cambio Climático de Deloitte, ese mensaje trasciende las pistas. “La Fórmula 1 está tomando el mando en la transición hacia la transformación sostenible y el resto de la industria también lo puede hacer”, comentó en el marco del XXIV Congreso Internacional de la Industria Automotriz en México (CIIAM).
La analogía no es menor. Si la máxima categoría del automovilismo, históricamente asociada al consumo intensivo de energía y combustible, está replanteando su modelo operativo, la industria automotriz global tiene pocas excusas para permanecer inmóvil. Y México aparece en una posición privilegiada para liderar esta carrera.
Con más de 2,000 plantas de autopartes y 36 de ensamble, y ocupando el cuarto lugar global en producción de autopartes y el séptimo en fabricación de vehículos, la industria automotriz mexicana se ha convertido en una pieza estratégica de la economía nacional.
El sector representa alrededor de 4.5% del PIB del país y 21% del PIB manufacturero, además de generar cerca de 800 mil empleos.
Para Sacristán, esto coloca a México en una posición privilegiada frente a los cambios que vive la industria: “El país ya está en la pole position. La pregunta ya no es si participará en la transformación, sino qué tan rápido será capaz de avanzar hacia ella”, señaló Sacristán.
Aunque la conversación suele concentrarse en la electrificación de los vehículos y la reducción de emisiones, la sostenibilidad en la industria automotriz es considerablemente más amplia. Implica una gestión equilibrada en tres dimensiones: ambiental, social y de gobernanza.
En el frente ambiental aparecen desafíos evidentes como la descarbonización, la transición energética y el manejo eficiente de recursos naturales. En la dimensión social, el foco está en la gestión de las personas, la seguridad laboral, el bienestar del talento y la relación con clientes y comunidades. Finalmente, la gobernanza exige transparencia, controles robustos y prácticas empresariales responsables,argumentó Sacristán.
Dentro de este marco, la directiva de Deloitte identificó seis temas prioritarios en la agenda de la industria:
La clave, dijo Gema Sacristán, es entender que ninguno de estos elementos funciona de manera aislada. La sostenibilidad debe acompañar todo el ciclo de vida del producto: desde la extracción de materias primas y la cadena logística, hasta la manufactura, el uso y el fin de vida del vehículo.
Las curvas más complejas del circuito
Si la meta es clara, las dificultades también lo son. La primera que enlistó la directiva de Deloitte es la energía. Aunque la descarbonización avanza, el contexto todavía presenta desafíos importantes. En 2025, alrededor del 75% de la electricidad producida en el país provenía de fuentes fósiles.
Sin embargo, algunas compañías ya muestran que el cambio es posible. “Nissan Mexicana, por ejemplo, cubre más del 90% de la energía utilizada en sus procesos de manufactura mediante fuentes libres de CO₂”, apoyándose en autogeneración, contratos de energía renovable y programas de eficiencia energética, detalló Sacristán.
La segunda gran curva es el agua. La fabricación de un vehículo requiere aproximadamente 4,000 litros de agua a lo largo de todo su ciclo productivo. En un país donde el estrés hídrico se ha convertido en una preocupación creciente, la gestión del recurso será cada vez más determinante para la competitividad del sector.
A ello se suma la infraestructura de carga para vehículos eléctricos. La velocidad de adopción de estas tecnologías continúa enfrentándose a limitaciones operativas y de infraestructura, un reto que será decisivo para consolidar la movilidad de bajas emisiones.
Otra curva especialmente relevante es la integración de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Cerca del 90% de los participantes de la cadena automotriz son pymes, lo que convierte su capacitación, digitalización y alineación con criterios ESG (Environmental, Social and Governance) en una prioridad estratégica.
Y finalmente emerge un concepto que gana relevancia en prácticamente todas las armadoras: el Scope 3. A diferencia de las emisiones directas de una planta o de la energía que consume, estas emisiones provienen de toda la cadena de valor. En otras palabras, la huella ambiental de los proveedores comienza a formar parte de la huella de las propias armadoras.
Donde están las oportunidades
Pero en toda carrera también existen espacios para adelantar posiciones. Gema Sacristán identifica al menos cinco grandes oportunidades para que México fortalezca su liderazgo automotriz a través de la sostenibilidad.
La primera está en las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Con la exigencia de alcanzar 75% de contenido regional en los vehículos, se abre una oportunidad para fortalecer cadenas de suministro más cercanas y resilientes.
La segunda proviene de una nueva fase del nearshoring. A diferencia de la primera ola, el atractivo ya no dependerá únicamente de costos o ubicación geográfica. Las inversiones buscarán cada vez más plantas que puedan demostrar acceso a energía limpia y una gestión eficiente del agua.
En tercer lugar aparece la Inteligencia Artificial (IA). Además de aumentar la productividad, tiene el potencial de fortalecer el contenido nacional y permitir a empresas mexicanas avanzar hacia actividades de mayor valor agregado.
La economía circular también emerge como un terreno fértil. El mercado de aftermarket (posventa de autopartes y servicios de mantenimiento) en México alcanzó un valor estimado de 47 mil millones de dólares en 2025, creando oportunidades para la remanufactura, reutilización de componentes y nuevos modelos de negocio enfocados en la extensión de la vida útil de los productos.
Por otra parte, tecnologías de trazabilidad basadas en IA comienzan a perfilarse como herramientas clave para cumplir regulaciones internacionales, monitorear cadenas de suministro y dar certidumbre sobre el origen y manejo de materiales.
Finalmente, para la especialista de Deloitte, la logística inversa se perfila como un habilitador estratégico para convertir residuos en recursos reutilizables, mientras que la creciente electrificación abre espacio para una nueva generación de componentes de alto valor. No es una tendencia marginal: uno de cada cuatro vehículos nuevos vendidos en el mundo ya es eléctrico.
La meta está más cerca de lo que parece
La transformación sostenible de la industria automotriz suele plantearse como un destino lejano. Sin embargo, los movimientos que ya ocurren en la Fórmula 1, en las armadoras globales y en las cadenas de suministro demuestran que la carrera está en marcha.
México arranca con un motor que parece potente. Tiene escala industrial, talento, capacidad manufacturera y una ubicación estratégica. Pero la ventaja inicial solo se convertirá en liderazgo si logra acelerar en los frentes que hoy marcan la diferencia: energía limpia, gestión del agua, integración de proveedores, economía circular y trazabilidad.
Solo hay que considerar un apunte final que hace Gema Sacristán: como en cualquier gran premio, “la pole position es importante, pero lo que realmente cuenta es quién cruza primero la línea de meta”.
Con una posición privilegiada en la manufactura global, México tiene la oportunidad de convertirse en protagonista de una transformación que ya no es opcional, sino estratégica: la sustentabilidad.
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La Industria Aeroespacial sigue despegando en estados como Guanajuato, nuestra especialista Silvia Ortiz de Vanguardia Industrial, nos explica la detonación de este sector en #NoticiasW con #VeroMéndez pic.twitter.com/itZ8boXKcU
— Vanguardia Industrial (@Vanguardiaind) September 13, 2023